Quiero compartir mi frustración personal en cuanto al consumo de un producto tan necesario como la ropa.
En los últimos meses, creo que todos hemos podido ver cómo se presentan en el mercado nuevas marcas, nuevas tiendas y nuevas ofertas. De éstas, la gran mayoría extranjeras; mayoría tan ciega y con muy poca disposición de hacer una lectura honesta de nuestras necesidades y características de nuestro grupo social. Y hay momentos en los que cierro los ojos y podría casi que sentir cómo fue la súper conquista de América, tan obligada, tan inquisitiva y tan arrasadora, gracias a este fenómeno devastador de marcas foráneas, que cada vez arremeten con más violencia nuestra propia cotidianidad, intentando convertirnos en híbridos deformes, sin identidad, sin talla.
Yo me pregunto, dónde quedó el único y sublime concepto de la moda para el cual cada individuo se expresa a través de los trapos que se pone encima? Ahora sólo importa lo que otros pueden sacarnos de los bolsillos sin tener en cuenta la satisfacción. Para un ejemplo quiero traer el fenómeno de Zara en nuestro país, donde supuestamente estos payasos encontraron un circo de tres anillos para presentar sus patéticas atracciones a sabiendas de que los únicos que ganan son ellos a nivel de ingresos, porque la calidad de las prendas deja mucho que desear con un gancho tan efímero como una propuesta actual de diseño que se diluye en la primera pasada de una de estas prendas por cualquiera de las comunes lavadoras de un hogar colombiano. Y eso sin hablar de sus siluetas y tallaje. Soy un colombiano promedio, de contextura normal, de acuerdo al propio concepto que tengo de mí mismo; pero entrar a una tienda de Zara es para mi una experiencia de total frustración pues no encuentro algo que me sirva y al final me siento un poco más grande que un hipopótamo.
No hay derecho que su máxima talla sea apenas digerible por un hombre anoréxico e irreal que en medidas normales es talla S. Y como este caso, hay muchas más de esas marcas inportachas que nos estan llenando de promesas falsas y sin sentido que nisiquiera miden nuestras cinturas y hablan en nuestros términos. No podemos permitir más esto y es por eso que decidí asesorarme de buenas promesas del diseño local quienes en gran porcentaje saben interpretar las necesidades de un pueblo cansado de sentirse forzado y engañado. Yo propongo volver la mirada a lo local, al desarrollo del diseño más personal y a la medida. Podría asegurar que esta es una tendencia latente próxima a explotar, gracias a la insatisfacción del mercado y la ausencia de propuestas sinceras.
Es por eso que quiero preguntarle a alguian si ha visto mi talla en alguna esquina o un centro comercial, la estoy buscando desesperadamente !!

